Un tatuaje recién hecho es una herida abierta, y cura como tal. Si la cuidas bien, las líneas quedan nítidas y el negro, negro. Si no, se pierde tinta en la costra y toca retocar.
El primer día
Sales del estudio con un film protector. Déjalo el tiempo que te hayamos indicado, normalmente entre tres y cinco horas. Al quitarlo, lava con agua templada y un jabón neutro sin perfume, con la mano limpia y sin frotar. Seca a toques con papel de cocina, nunca con la toalla de casa.
Del segundo al cuarto día
Lava dos o tres veces al día y aplica una capa muy fina de crema reparadora. Fina de verdad: si el tatuaje brilla, sobra crema, y el exceso no deja respirar la piel.
Si dudas entre poner crema o no, espera una hora. Es más fácil arreglar un tatuaje un poco seco que uno ahogado.
De la primera a la segunda semana
Empieza a pelarse como después de una quemadura de sol, y pica. No rasques ni arranques las pieles: si se llevan tinta, se nota. Un toque suave con la palma alivia.
- Nada de piscina, mar, sauna ni baños largos.
- Nada de sol directo: tapa el tatuaje con ropa holgada.
- Ropa limpia y que no roce, sobre todo la primera noche.
Semanas tres y cuatro
La piel ya parece curada, pero por debajo sigue trabajando. A partir del mes pásate por el estudio: vemos cómo ha quedado y, si algún trazo necesita repaso, el retoque va incluido.
Y para siempre: protector solar
El sol es lo que más apaga un tatuaje con los años. Un protector de factor 50 en verano es la diferencia entre un negro que dura y uno que se vuelve verdoso.